Ferrolana en el exterior

DIARIO DIGITAL DE FERROL

Sara Dobarro

Jueves 17 de febrero de 2005.- Ser ferrolana en Madrid o en Zaragoza es vivir una permanente nostalgia, pero también tiene sus ventajas. Por ejemplo, ofrece una perspectiva mayor sobre el pasado, el presente e incluso el futuro de nuestra ciudad.

En Madrid, que es donde se “cuecen” todas las grandes decisiones que han afectado a Ferrol. Zaragoza permite vivir con ilusión y contrastar por qué Ferrol sigue en declive, a pesar de ser una ciudad con unas posibilidades inmensas: una verdadera puerta abierta al Atlántico, por la que poco entra y menos sale. Los zaragozanos saborean ya el éxito y se preparan para el impulso que va traer la Expo 2008 y en Madrid, todavía más lejos en el tiempo, atraen los parabienes, que saben va a suponer el 2012.

¿Qué nos pasa a los ferrolanos? ¿no tenemos ideas o no tenemos la infraestructura necesaria para ser sede de algo que nos proyecte y genere riqueza, por poner un ejemplo fácilmente contrastable? En nuestra ciudad, solemos tener la autoestima baja y nos acomodamos, por muy mal que lo estemos pasando. La autoestima es el juicio de valor que hacemos con nosotros mismos: una evaluación en la que nos comparamos con los demás y en la que influyen múltiples valores, entre ellos la competitividad. Lo que ha sucedido a lo largo de la historia es que nuestros políticos no supieron reaccionar frente a las decisiones que condenan al ostracismo a la Galicia del Norte en beneficio de los núcleos industriales de Andalucía y del País Vasco. Pero también es de justicia añadir que nos cuesta formar buenos equipos. Aunque si miramos a las cabezas hay que repetir una vez más la tan manida frase, de que “Ferrol tuvo mala suerte con sus políticos”. Todos tenemos que hacer autocrítica, personal y colectiva.

Pues bien, los grandes proyectos se construyen desde la generosidad, pensando en los demás y en el futuro que les aguardará a nuestros hijos y nietos. ¿Saben cual es la palabra qué más veces se pronuncia en Ferrol? Se trata del pronombre de la primera persona del singular: yo. Un “yo”, que a la primera de cambio, y valga la redundancia, se convierte en frases como porque te lo digo yo... ¡Y así nos va!, Señoras y señores. El ferrolano tópico (ya no voy a decir que típico) es una señora o señor empeñado en convencer a los demás de lo listo que es y de lo injusto que el mundo ha sido siempre para él. (Piensen, piensen y verán cuantos ejemplos con nombre y apellidos se les ocurren). Y ya va siendo mucha hora de que nuestra ciudad sea otra cosa que un auténtico “vivero de predicadores de café”, en vez de “vivero de emprendedores”. Tenemos que buscar aliados en toda Galicia. Y también fuera de nuestra autonomía, Porque si no actuamos rápido, perderemos el tren de Alta Velocidad y seguiremos por aquel que cantaba mi pariente Andrés Dobarro “o tren que me leva pola beira do Miño...”.

Tenemos que ganar confianza en nosotros mismos y aprovechar la llamada “segunda oportunidad” porque, ¿saben que le puede esperar a nuestra propuesta a Patrimonio de la Humanidad, con tanto localismo, tanto personalismo y tanto erudito local? Prefiero no contestar.